Theo Angelopoulos y el poeta que compraba las palabras

Angelopoulos nos ofrece con sus películas piezas llenas de poesía, que ahondan en las preguntas filosóficas más profundas del ser humano.

La eternidad y un día es una de esas obras. Situada en la Grecia de los años 90, nos muestra la mirada hacia el pasado de un hombre a las puertas de la muerte. Lo hace acompañado de su antítesis, un niño albanés que huye de su país buscando el comienzo de su verdadera vida.

Pero lo genuino de Angelopoulos no es solo su historia, sino la manera de contarla. Lo increíble es la forma en que es capaz de utilizar elementos como la fotografía o la música, de manera que encajen a la perfección con los detalles de la historia, creando una belleza visual sin precedentes para el espectador.

El director nos muestra un paseo por la vida de Alexandre, magistralmente interpretado por el brillante y polifacético Bruno Ganz (El Hundimiento). Un paseo en el que los colores azules del verano griego se mezclan con recuerdos cálidos de un amor y de otra vida. Y en el que los grises del invierno nos devuelven a la adustez del presente. Un paseo por la vida de un hombre, cuyo final nos hará entender la respuesta a la pregunta “¿Cuánto dura mañana?”: “La eternidad y un día”.

 

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